El presidente de Cotelco Magdalena, Omar García Silva, no logró contener las lágrimas durante una entrevista en vivo al exponer la profunda crisis del turismo que asfixia a Santa Marta. En medio de un relato marcado por la angustia, el dirigente gremial describió un panorama desolador: hoteles vacíos, cancelaciones masivas y el cierre temporal de establecimientos ante el temor infundido por el reciente paro armado paramilitar en la región.
“Santa Marta necesita ayuda en todo el Gobierno y en todos los sectores”, imploró García, visiblemente afectado al dimensionar el impacto de la parálisis no solo en la infraestructura hotelera, sino en el tejido social y económico del departamento.
Cifras en caída libre y destinos fantasma
El desplome de la actividad turística ya deja un rastro estadístico alarmante. Según Cotelco Magdalena, la ocupación hotelera en la zona rural de Santa Marta se desplomó por debajo del 15 %, una cifra crítica si se compara con el 42 % o 43 % registrado durante la misma semana del año anterior. A nivel general, la ciudad promedia una ocupación de apenas un 36 % a 37 %.
El miedo ha obligado a pequeños hoteles, hostales y glampings en las zonas rurales a suspender temporalmente sus operaciones para salvaguardar la integridad de sus huéspedes y colaboradores. Esta desolación se refleja en los principales balnearios: playas como El Rodadero lucen atípicamente desocupadas y el transporte náutico ha sufrido una contracción drástica, pasando de movilizar entre 150 y 250 personas en un día de semana normal, a escasos 30 o 35 pasajeros. En Minca, uno de los destinos ecológicos por excelencia, los pocos caminantes que llegan encuentran una zona prácticamente desierta y permeada por la zozobra que transmiten las redes sociales y los medios.
El rostro humano detrás de la parálisis
Para García, quien lleva más de tres décadas vinculado al sector y cuya madre dedicó 40 años a la hotelería, la preocupación trasciende las estadísticas de ocupación y los reportes financieros. Su llanto visibilizó a miles de familias que dependen del sustento diario que provee la llegada de visitantes.
La crisis del turismo golpea de frente a camareras, recepcionistas, botones, lancheros y guías. Asimismo, impacta con crudeza la economía de los trabajadores independientes y la cadena de suministro local, afectando a vendedores, transportadores, proveedores de alimentos y a las comunidades receptoras que encuentran en el visitante su principal motor de supervivencia económica.
Incertidumbre ante la temporada alta
Con la semana de receso escolar a la vuelta de la esquina y la temporada alta de diciembre y enero en el horizonte, la preocupación del gremio se agudiza ante el incremento en las cancelaciones de reservas.
Aunque el dirigente reconoció la labor de la Policía Nacional y el Ejército, y valoró el anuncio de refuerzos militares tras los recientes consejos de seguridad en la madrugada, enfatizó que la ciudad requiere un acompañamiento institucional permanente. El sector turístico de Santa Marta se encuentra en un punto crítico y aguarda que la contundencia de las medidas de seguridad permita recuperar la confianza de los viajeros, evitando que el pánico actual sepulte las temporadas más relevantes para la economía local.












